La revolución tecnológica está aquí, para bien o para mal

Las sociedades en su conjunto están pasando por unos momentos realmente fascinantes. Vivimos lo que muchos ya llaman la cuarta revolución industrial, un cambio de percepción global, tanto en la forma en que nos relacionamos con el entorno y con las personas como en cómo percibimos la realidad misma. Y es que esta etapa histórica viene caracterizándose por la fusión de tecnologías que eliminan las fronteras entre lo físico, lo digital y lo biológico.

Las puertas que se abren son inmensas, tanto para bien como para mal, pues como suele ocurrir con la humanidad cada vez que se enfrenta a un cambio de conciencia, las consecuencias pueden usarse en beneficio de la mayoría o solo de unos pocos, según las intenciones de aquellos que encabecen la revolución.

Por lo tanto, campos que ya comenzamos a entender y a aceptar en nuestra vida diaria, como la robótica, el Blockchain, la Inteligencia Artificial, la nanotecnología, el big data, la computación cuántica, el Internet de las Cosas, la biotecnología, la impresión 3d, los drones inteligentes, los vehículos autónomos… podrán tener efectos positivos o negativos sobre la población.

En la dirección web https://noa.aon.es/los-riesgos-de-la-tecnologia/, podrás conocer con información certera y fiable, ya que en AON son expertos en ciberseguridad, algunos de los problemas que pueden ocasionarse por el aumento de la tecnología en la civilización; conoce en este post las consecuencias de la transformación digital en un mundo que avanza demasiado deprisa, y que no ofrece alternativas.

Y es que, además de la inseguridad digital, parece que el futuro no será tan halagüeño como cabría imaginar o desear. Las proyecciones nos hacen ver un lado negativo al que hay que enfrentarse para que el daño sea el menor posible, situaciones complejas como el aumento del desempleo, pues los robots tenderán a suplir los trabajos de las profesiones menos especializadas. Aumentará considerablemente la brecha salarial y las distancias entre ricos y pobres también. Si no se evita, desde ahora, existirá un crecimiento en la insatisfacción general, miedo y desesperanza ante un futuro que no dependerá en absoluto de las personas comunes.

Ventajas y beneficios de la cuarta revolución industrial

La principal ventaja es que está comenzando ahora y que, por lo tanto, estamos a tiempo de actuar, localizar los errores y desactivar los problemas que ya se prevén.  No podemos detener este avance, pero si podemos hacerlo más social y respetuoso con la naturaleza y el medioambiente.

Y es que toda crisis, aunque esté por llegar, implica también grandes oportunidades y posibilidad de cambio. Así, si lo que se espera es que los robots ocupen puestos de trabajo en serie, las personas que actualmente ocupan estos puestos deberán especializarse en materias más avanzadas, como por ejemplo la programación y la construcción de robots.

En cualquier caso, existe la posibilidad de que estos paguen impuestos y puedan costear un salario base para todos los ciudadanos, con los que puedan acceder a una cesta de la compra básica y al pago de los servicios mínimos de luz, agua, gas y alquiler.

Lo que está claro es que su efecto será muy positivo para el conjunto de la sociedad, pues nos facilitará aún más la comunicación y la relación con el entorno, ya que se espera que el hogar inteligente llegue a ser algo habitual, donde existan bombillas inteligentes, un altavoz inteligente, electrodomésticos inteligentes y todo esté interconectado, aprendiendo los aparatos los usos y costumbres de los seres humanos y adaptando a ellos su funcionamiento y servicios.

Todos esperamos con expectación que lleguen los robots inteligentes que nos ayuden en las tareas de la casa o en aquellos empleos que implican demasiado riesgo, son sucios o forzados. También deseamos coches que se conducen solos con la máxima eficacia en seguridad y confort, que no consuman combustibles fósiles, sino que sean respetuosos con el medio ambiente y utilicen energías alternativas y reutilizables, que sigamos avanzando en los campos de la neurociencia, de la genética avanzada, de las prótesis y creación de órganos con impresoras 3d.

Ya podemos comenzar a ver los primeros prototipos de taxis voladores que, a modo de drone, pueden llevar pasajeros a los distintos destinos dentro de una misma ciudad, y automóviles eléctricos cada vez más económicos.

La realidad virtual y la realidad aumentada resultarán claves para operaciones e intervenciones quirúrgicas de especial delicadeza o dificultad. También comenzamos a disfrutar de la Inteligencia Artificial, como el reconocedor de imágenes de Google, que utiliza tecnología de redes neuronales.

La ciencia ficción se mezcla cada día más con la tecnología que está por llegar, no en vano es para muchos científicos e ingenieros un campo de inspiración de gran eficacia. Pero, no debemos olvidar quiénes son los auténticos protagonistas de esta nueva revolución que ya es una realidad, los seres humanos somos los que la creamos y modificamos, y, por lo tanto, asumimos una gran responsabilidad, social y medioambiental fundamentalmente. No debemos cometer el error de perder la perspectiva, dejando esta poderosa herramienta en manos de unos pocos que la utilicen exclusivamente para enriquecerse y no como un bien común.

La revolución tecnológica está aquí, para bien o para mal
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